Diario de Reconstrucción

Me ausenté un poco, pero aquí sigo

Hombre agotado orando en su escritorio mientras enfrenta dificultades económicas y familiares, aferrado a su fe y esperanza

Me ausenté un poco porque entramos en período de vacaciones y sentí la necesidad de detenerme un momento, respirar y tratar de reorganizar varias áreas de mi vida.

Ahora que he vuelto, agradezco a Dios porque tengo trabajo en mi negocio. Y aunque eso podría sonar como una buena noticia, la realidad es que también ha traído consigo una carga pesada: no tengo ayuda y, en este momento, no puedo pagar un salario. La razón es simple y dolorosa al mismo tiempo: sigo atrasado con mis deudas y necesito ponerme al día.

Hoy quiero hablar con honestidad.

Me siento exhausto.

Hoy me siento sin fuerzas, sin ánimo, sin ganas de seguir. De esos días en los que uno quisiera dejarlo todo tirado y simplemente desaparecer por un momento del peso de la realidad.

Anoche, además, mi madre se puso mal del corazón, y esta mañana desperté con otra dura realidad: no tenía ni siquiera para comprar una garrafa de agua. Pensar y vivir algo así golpea el alma.

Si no hubiera sido por mi madre, que hace unos días me trajo unas verduras y me regaló $20, mi familia quizá no habría tenido qué comer. Y decir esto me duele profundamente, porque me llena de frustración sentir que las personas que amo están viviendo escasez por causa de esta situación.

Todo lo que genero en estos momentos lo destino primero a mi hogar, como debe ser. Y de lo poco que queda, trato de abonar a los bancos. Pero a veces siento que estoy atrapado en un círculo vicioso que no se termina nunca: trabajar, sobrevivir, pagar un poco, volver a quedar corto, y comenzar otra vez.

Aun así, todos los días le pido a Dios sabiduría, fortaleza y protección para mi familia.

Y aunque en muchos momentos no entiendo lo que está pasando, ni logro ver con claridad el camino, sigo convencido de que Dios está obrando en silencio. Creo que Él tiene un propósito en medio de todo esto, aunque a veces la desesperación me haga sentir que no logro escuchar su voz ni comprender sus tiempos.

Sí, hay momentos en los que rendirse parece una opción tentadora.

Pero no lo es.

No lo es por mi familia.
No lo es por mis hijos, que son mi motor.
No lo es porque, aunque hoy me sienta débil, sigo creyendo que Dios no me ha soltado.

Su Palabra dice: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.” Y hoy me aferro a eso con todo lo que me queda.

Así que aquí sigo.

A Dios rogando y con el mazo dando.

Voy a salir de esta situación. No sé exactamente cómo, no sé cuánto tiempo tomará, pero sí sé algo: voy a salir.

Y cuando mire atrás, podré decir que aun en los días más oscuros, Dios me sostuvo.

Que tengas un bendecido día.


Comentarios

Dejar un comentario

Tu comentario no se publicará hasta ser aprobado.

Comentarios aprobados (0)

Aún no hay comentarios aprobados.